Estoy leyendo El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir, un libro que considero sumamente necesario para cualquiera que quiera comprender mejor el feminismo y las desigualdades que han marcado y siguen marcando la vida de las mujeres, pero mĂĄs allĂĄ de compartir o no todas las ideas de la autora, creo que es una lectura especialmente relevante si observamos el contexto en el que vivimos.
Los feminicidios se han vuelto tan frecuentes que parecieran haberse normalizado. La brecha salarial continĂșa siendo una realidad en muchos lugares, la violencia contra las mujeres sigue cobrando vidas todos los dĂas, y aĂșn existen paĂses donde ellas carecen de autonomĂa e independencia. A esto se suman las dificultades adicionales que muchas enfrentan para acceder y permanecer en la educaciĂłn o en el mundo laboral, asĂ como los prejuicios y la discriminaciĂłn basados Ășnicamente en el gĂ©nero.
Lo mĂĄs inquietante, sin embargo, es que algunas discusiones que creĂamos superadas han vuelto a aparecer. Por supuesto, hablo de que en Estados Unidos existen conversaciones reales en las que se plantea que las mujeres cedan su derecho al voto a sus esposos. No se trata de una exageraciĂłn ni de un escenario hipotĂ©tico: hay mujeres que GENUINAMENTE estĂĄn considerando renunciar a un derecho que generaciones anteriores tuvieron que conquistar con enorme esfuerzo.
Precisamente por eso conviene poner las cosas en perspectiva: En Colombia, hace apenas 69 años las mujeres pudieron votar por primera vez. Probablemente nuestras abuelas, o incluso nuestras bisabuelas, fueron las primeras mujeres de nuestra familia en depositar un voto en las urnas. Parece un hecho lejano, pero en realidad estĂĄ a tan solo dos o tres generaciones de distancia. Es un recordatorio de que muchos de los derechos que hoy damos por sentados son conquistas recientes, fruto de dĂ©cadas de lucha, y que la igualdad formal (porque falta mucho para hablar de igualdad material) de la que hoy disfrutamos sigue siendo un proceso en construcciĂłn, no un capĂtulo cerrado de nuestra historia.
Y es que la idea de delegar nuevamente nuestra independencia a una figura masculina no surge de la nada y basta con mirar atrĂĄs para entenderla. A lo largo de la historia ya han existido sistemas jurĂdicos que convertĂan esa dependencia en una obligaciĂłn legal. Uno de ellos fue la coverture, una doctrina del derecho consuetudinario (de la costumbre) inglĂ©s segĂșn la cual, al contraer matrimonio, los derechos legales de una mujer eran absorbidos o "cubiertos" por los de su esposo, considerĂĄndose ambos legalmente como una sola persona: el hombre. La mujer dejaba de existir como sujeto jurĂdico independiente, lo que le impedĂa poseer bienes, celebrar contratos por sĂ misma, controlar su propio patrimonio, disponer libremente de su salario e, incluso, ejercer plena autonomĂa sobre su propio cuerpo. En otras palabras, el matrimonio otorgaba al esposo un enorme poder legal y econĂłmico sobre ella.
Y es precisamente ahĂ donde obras como El Segundo Sexo cobran aĂșn mĂĄs sentido, porque se preguntan de dĂłnde provienen las ideas que han justificado histĂłricamente esa subordinaciĂłn, por eso, desde las primeras pĂĄginas Beauvoir introduce algunas citas de diferentes pensadores, de los mĂĄs importantes, estudiados y relevantes, probablemente para que entendamos mejor de dĂłnde pudieron surgir aquellas ideas que definen a la mujer como un ser incompleto o inferior respecto al hombre.
«"La mujer es mujer en virtud de cierta falta de cualidades y debemos considerar el carĂĄcter de las mujeres como adoleciente de una imperfecciĂłn natural." — AristĂłteles.»
«"La mujer es un hombre fallido, un ser ocasional." — Santo TomĂĄs de Aquino.»
«"El cuerpo del hombre tiene sentido por sĂ mismo, abstracciĂłn hecha del de la mujer, mientras este Ășltimo parece desprovisto de todo sentido si no se evoca al macho... El hombre se piensa sin la mujer. Ella no se piensa sin el hombre." — Julien Benda.»
Durante siglos, las obras de estos personajes fueron estudiadas, enseñadas y tomadas como referencia para comprender el mundo, la moral e incluso el derecho, la misma Simone lo decĂa citando a Poulain de la Barre "Siendo hombres quienes han hecho y compilado las leyes, han favorecido a su sexo, y los jurisconsultos han convertido las leyes en principios" esto nos permite entender que muchas de las creencias sobre la supuesta inferioridad de las mujeres fueron construidas y legitimadas desde la filosofĂa, la religiĂłn, la ciencia y las instituciones, hasta el punto de convertirse en parte del sentido comĂșn de su Ă©poca y trascender hasta la nuestra, resurgiendo en el panorama actual.
Y miren, yo no quiero sonar alarmante, pero es que considero que no se le estĂĄ dando la relevancia que realmente tiene este asunto. El simple hecho de considerar algo como renunciar a un derecho me parece ya lo suficiente preocupante. Muchos podrĂĄn pensar incluso que esto solo es en Estados Unidos, que estĂĄ lejos de nuestra realidad, que los organismos competentes harĂĄn algo para detenerlo o que la idea en sĂ ya es lo suficiente absurda para que permanezca como tal, pero no, lamentablemente es una posibilidad real y lo Ășltimo que debemos hacer es ceder. Nos ha costado mucho estar donde estamos, la historia insiste en mostrarnos la realidad y nuestro camino: no podemos permitir que decidan por nosotras nuevamente.
Y para terminar, quiero dejarles tres poemas escritos por mujeres. No hablan directamente sobre feminismo, pero creo que, de una u otra forma, dialogan con muchas de las ideas de las que he compartido aquĂ.
Ănica madre
Madre luna
Madre agua
Madre tierra
Madre humana
Que como mariposa blanca
has venido
Haz que suceda el aliento
y el canto
para refugiarnos en el sitio sagrado
donde habita nuestra memoria
Poema de Yana Lucila Lema, docente, periodista y poeta Kichwa Otavalo. Autora y compiladora de varios poemarios y antologĂas bilingĂŒes
Viernes
Es una mujer. Camina lento por la migraña.
Oye al ojo que palpita. CĂłmo golpea,
cĂłmo retumba
cĂłmo bambolea compugnido
y piensa que de pronto tomarĂĄ impulso
y saltarĂĄ expulsado hacia la ventana.
Es una mujer. Crece en ella el dolor.
Germina un cuenco en donde antes habĂa un ojo.
Camina hacia la tarde.
Un pĂĄjaro silenciado hace nido en su boca.
Es una mujer que apenas llora.
Y se pregunta por el olor a muerte
de su ojo izquierdo.
Poema de Beatriz Vanegas AthĂas, escritora doctora en letras y docente colombiana.
El parto
Madre, los almendros estĂĄn en flor.
Esta mañana, mientras paseaba con mis hijas
hemos visto su exposiciĂłn blanca y rosa.
Luego, los caballos han pateado
las flores en el barro de los adoquines.
Madre, cuando no estemos, los almendros
seguirĂĄn con su movimiento hacia el dĂa.
Y las mujeres parirĂĄn insomnes.
Madre, he oĂdo los gritos
blancos de esas mujeres.
Madre, he dejado a sus bebés
dormidos sobre sus vientres.
AlgĂșn dĂa un mar de lĂĄpidas
vendrĂĄ por nosotros.
Los almendros seguirĂĄn en flor
y no tendremos ojos para verlos.
FracciĂłn del poema El parto de Ăngela Ălvarez SĂĄez, escritora, licenciada en derecho y abogada española.
Que lindos los poemas del final, me ha encantado mucho tu blog đ«°đ»
ResponderBorrarMuchĂsimas gracias! Sii, son preciosos y sus autoras son talentosĂsimas!
BorrarMe encanta que hablen de este tipo de temas con conocimientos y real interĂ©s, mis felicitaciones, nunca pares de subir blogs, estoy sĂșper interesada !! đ
ResponderBorrarMuchĂsimas gracias!! No sabes lo mucho que disfruto hablar sobre estas cosas y leer al respecto. đ«¶đ»đ
BorrarHola la verdad si me da muchĂsimo miedo todo eso que nos quiten los derechos que hoy tenemos y me frustra tanto saber que otras personas en otros paĂses no pueden tenerlos :c
ResponderBorrarSiii, es horrible. Mientras que en un lado del mundo anhelan tenerlos, en otros quieren borrarlos...
BorrarMe sigue sin entrar a la cabeza como porque hay mujeres que quieren renunciar a sus derechos, osea, escuchĂ© por ahĂ que es porque quieren vivir la fantasia que muestran sobre los 50's y asĂ, pero es que en verdad no saben sobre historia? o tan si quiera no han visto alguna pelicula que hable sobre esos tiempos? En serio, se sabe muy bien que en esas epocas la mujer solo era un objeto, literalmente las usaban solo para 3 cosas: Servicios del hogar, familia y golpear. Ellas no podian ni trabajar porque estaba mal visto y nadie les contrataba, literalmente era un asco de epoca.
ResponderBorrarBtw, por ahĂ lleguĂ© a escuchar que la chica que estĂĄ promoviendo todo esto en EU es dueña de una empresa cuyos productos se venderĂan mĂĄs sĂ este tipo de regresiĂłn se llevase acabo....
Totalmente, es simplemente absurdo y muy triste como este tipo de discursos puedan tan siquiera tomar un poco de fuerza. Respecto a lo Ășltimo, tendrĂ© que buscar mejor al respecto, tengo entendido que una de las grandes promotoras de esto es la viuda Kirk, pero honestamente no tengo idea de a quĂ© se dedique fuera de esto. Gracias por comentar!
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