La primavera es, sin lugar a dudas, mi estación favorita. Si soy sincera, no puedo afirmarlo desde la experiencia, pues en mi bello país, Colombia, las estaciones no existen como tal; vivimos rodeados de un clima tropical durante todo el año. Aun así, me enamora todo lo que la primavera representa y, por supuesto, la forma en que suele mostrarse ante el mundo.
Las flores, los días soleados con la temperatura perfecta, los pequeños insectos que revolotean entre los jardines, los prados cubiertos de verde, los lagos y la naturaleza rebosante de vida... Son demasiadas las imágenes que he visto y que han logrado fascinarme.
Pero más allá de su apariencia, me cautiva su significado (o al menos el que yo le doy xd)
La primavera es florecer. Es crecer, avanzar, transformarse. Las flores nos enseñan una lección poderosa: siempre podemos reinventarnos. Una planta pasa gran parte de su existencia siendo apenas tallos y hojas, hasta que un día brota de ella una flor hermosa. Esa flor no permanece para siempre; con el paso de la noche se marchita, sus pétalos se cierran y termina cayendo, dejando a la planta tan vacía como parecía al principio.
Sin embargo, la planta no se aferra a lo que perdió. Sabe que puede volver a florecer y que su belleza no era aquella flor en particular, sino su capacidad de crear nuevas una y otra vez.
Las personas deberíamos creer más en esto; hay etapas que terminan, versiones de nosotros
que se marchitan y sueños que parecen caer al suelo. Pero mientras sigamos creciendo, siempre existirá la posibilidad de volver a florecer cuando llegue nuestra propia primavera.
Tu también puedes identificarte con una pequeña flor, puedes escoger la que más te guste, represente o aquellas con historias maravillosas. En mi caso, me fascina uno de los tantos significados que se le da a la Flor de Loto: Esta hermosa crece en aguas turbias y fangosas, pero sus flores emergen limpias e impecables sobre la superficie, por lo que a menudo fue considerada para el budismo e hinduismo como un símbolo de aquello que se alza desde lo bajo y alcanza la elevación de las alturas.
Esa es una de las razones por las que amo tanto la primavera, a pesar de nunca haberla vivido realmente. Me recuerda que el crecimiento no siempre es inmediato, que hay periodos en los que parecemos estancados y otros en los que florecemos de maneras que jamás imaginamos.
Y es que, todos somos un poco como las flores: distintos, hermosos desde nuestra propia naturaleza y con tiempos diferentes. Algunos florecen rápido, otros necesitan más estaciones para hacerlo. Pero mientras nuestro ciclo se mantenga, existirá la posibilidad de convertirnos en una versión más hermosa de nosotros mismos.
Después de todo, la primavera no es solo una estación del año, también puede ser una forma de mirar la vida.


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